Televisión en serie, televisión en serio

Cine y Tv

Televisión en serie, televisión en serio

Todo mundo habla de series de televisión; no hay quien no haya visto al menos un capítulo de al menos una serie, los que se han enganchado a alguna, otros a más de una y los que son verdaderos trogloditas de estos productos televisivos.

Desde House hasta Black Mirror, pasando por Friends, CSI, Lost, Mad Men, Homenland y un larguísimo etcétera. Las series de televisión se han convertido en un fenómeno cultural de moda de este nuevo milenio; incluso, se llega a hablar de la edad de oro de la televisión y la muerte del cine en manos de los episodios semanales de una hora.

Carnivàle

Carnivàle

 

Sin embargo, no es necesario hablar con radicalismos frente a fenómenos de este tipo; no hay porque presagiar la muerte de algo como la cinematografía sólo por estar presenciando el boom en este caso, de las series. Es cierto que hemos vivido poco más de una década de excelentes producciones televisivas, dignas de estar en cualquier museo dedicado a la cinematografía. Pero también es cierto, que eso no va a terminar con el cine, como no lo hicieron el invento de la televisión, el VHS, el DVD, las pantallas de plasma, los sistemas de teatro en casa y demás accesorios que en su momento “amenazaron” de muerte al séptimo arte.

Hay que reconocer que no todas las producciones realizadas en esta última década, dentro del formato de series, son una maravilla. Las hay, y muchas, que no cumplen siquiera con el que debería ser el propósito primordial y fundamental de las series, el entretenimiento. Y que se han colgado de este fenómeno en busca de un público cautivo que está dispuesto a dar oportunidad a cuanta serie nueva aparezca, con el fin de saciar esa necesidad antes inexistente, pero que ahora es primaria.

Son más de diez años en los que, dicen, se ha implantado una nueva forma de ver televisión. Los contenidos ya no son estériles y bobos, además de que han trascendido el umbral del entretenimiento, ahora se exige que dichos contenidos sean inteligentes, cínicos y quién sabe cuántos adjetivos más. Y es que las series vinieron a iluminar el camino de una televisión que se había estancado en los terrenos pantanosos de los reality y los talk shows.

Ahora las series hablan del narcotráfico, la guerra, la mafia, la delincuencia; de la rotura del tejido social, fenómenos paranormales, física cuántica, realidades paralelas; además de evocar a otros tiempos, ya sea a la New York de los años 50, Atlantic City de los 20 o el salvaje oeste del siglo XIX. Todo con unas producciones espectaculares.

Pero, con ese papel reivindicativo que se les adjudicó a las series de televisión también se cortaba de tajo con décadas de historia de la televisión, en donde, como en todo, hubo momentos extraordinarios y también épocas de vacas flacas. Y es que los apologistas de hoy se han encargado de hacer creer que la televisión se creó con Lost, olvidando, incluso a sus padres, The Sopranos, The Wire, Six Feet Under y Carnivàle; ya no digamos de sus abuelos ¿O es que sólo en esta época han existido las series? La respuesta es negativa y podríamos rememorar un par o más de series que veíamos cuando pequeños. The X Files, The Wonder Years, The Simpsons y sobre todo Seinfeld, esa serie que marcó el camino a seguir dentro de la comedia de las llamadas sitcom.

Seinfeld

Seinfeld

 

Entonces, ¿qué hace tan especial o diferente el hoy en día para que exista este boom “sin precedentes”? Los factores, sin duda, son muchos y de distinta índole, pero hay uno que tal vez ha dinamitado todo, la existencia de Internet.

El binomio compuesto por series e Internet es más efectivo que el formado por Don Draper y cigarro-whiskey. Internet ha permitido que podamos seguir cualquier cantidad de series gracias a sitios como Cuevana.tv y claro a los miles de usuarios que apenas terminada la emisión del capítulo de estreno ya lo están colgando en infinidad de sitios. La oferta se ha multiplicado exageradamente, no hay programa actual que no se pueda conseguir en la red.

Es así que podemos explicar de alguna forma el fenómeno que está ocurriendo con las series de televisión y es que Internet ha influido tanto que muchas cadenas de televisión han optado por promocionar sus series de estreno a través de websodios. Incluso, uno de los estrenos más esperados de este 2012, Smash tuvo su estreno en Internet, sin siquiera haber visto la luz aún en el televisor.

La comodidad de crear una programación a la carta es otra de las ventajas que da el ver series en Internet, sin necesidad de estar atado a los horarios que rigen la parrilla televisiva, desechar los odiosos comerciales e incluso los tiempos de espera entre capítulo y capítulo. Se puede decir que hoy se ve más televisión sin necesidad de tomar el control remoto.

De alguna forma, Internet vino a revitalizar la televisión e incluso reinventarla, dándole mayor dinamismo al acto de estar frente al televisor-monitor, el televidente-usuario se siente integrado en una red en la que muchos más como él, comentan, debaten, critican lo que ven. Sólo así se entiende que existan series que en televisión fueron canceladas por baja audiencia y en Internet, dentro de los foros, son consideradas de culto y no se explican cómo es que no se emiten más.

Mad Men

Mad Men

 

Valdría la pena resaltar que la oferta aunque cada vez más amplia, no deja de ser restrictiva; en el sentido que la mayoría, sino es que la totalidad, de las series que tenemos a disposición son estadounidenses. Pendiente queda, aún, el explorar otros terrenos, otras formas de hacer televisión; las hay, pero han sido poco valoradas o conocidas. El fenómeno de las series no se limita, o no debería de limitarse, a la oferta que plantean desde Estados Unidos.

 

Algunos ejemplos podrían estar en Inglaterra o los países escandinavos, en especial Dinamarca, que han creado sus propias historias y producciones que incluso han llegado a tener su remake americano. Pero también existen casos en Argentina, España e Italia que se han subido al exitoso tren de las series. En México se han realizado varias producciones, la mayoría con poco éxito, tanto comercial como de calidad.

Hernán Casciari decía, en su extinto blog Espoiler Tv, que había quienes preferían ver televisión de calidad en lugar de quejarse de toda la basura que también hay. Lo curioso de aquellos que se quejan de la televisión basura es que son ellos, precisamente, los que tienen acceso a otros medios que no son los de la televisión abierta y aún así no se deciden a apagar el televisor o cambiar de canal.

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