¿Una tortita güero?

Lugares

¿Una tortita güero?

Llegué aquí por azares del destino pues en mi itinerario no estaba el encontrarme con la bestia, pero como buen guerrero acepté el reto con honor y más cuando últimamente se venía suscitando un debate en mi círculo de amistades sobre las bondades de la cocina tapatía y sobre cuáles a nuestro parecer, eran las mejores tortas ahogadas de la ciudad.

El rumbo no es lo mejor  y nunca hubiese pensado buscar un lugar dónde comer por estos lares, más sin embargo esos pequeños locales resultan ser lo mejor y más cuando su conocimiento se transmite de boca en boca.  Entramos al lugar los 4 gañanes (Lucho, Pachón, Millán y yo) dispuestos a comprobar la fama de la fiera, esa que nos comentó Pachón 30 minutos antes de estar aquí y por la cual decidimos venir. Los tan pintorescos letreros es lo primero que llama la atención a nuestra vista – ¿Ya viste? – No mames, ¡Cuatro tortas por 55 varos!-  Pero eso no es a lo que venimos. Las promociones pegadas en la pared y hechas a partir de la folklórica cartulina fluorescente nos dejan ver que vamos a comer mucho y barato pero falta saber si será bueno.  Nos adentramos en el lugar y nos damos cuenta que más que un local es un pequeño restaurant, pinturas y fotografías de la Guadalajara antigua también cuelgan de las paredes, el mercado de San Juan de Dios, el edificio de la UdeG y otros edificios nos cuentan la historia de la ciudad de manera gráfica.

Elegimos una mesa en la parte interior con vista a una fuente moderna que desentona con todo el lugar. Hay otras personas en las mesas que colindan con la nuestra entrándole con singular alegría cual verbena popular  y unos más allá en el rincón pegados frente a un televisor divisando de reojo (pues no dejan de comer) aquellos chistes que hicieron famoso en los 90´s a Eugenio Derbez en su papel del Maestro Armando Hoyos.

Ya instalados se acerca el mesero y nos pregunta  -¿Qué les voy a servir?-  Cuatro “especiales” responde Pachón-  (Tres fueron de carnitas combinadas  y una de buche) – ¿Y de tomar? -¿Tienes cerveza? – No pero se las traigo, aquí enfrente esta la tienda- Tres coronas por favor.

Voy al baño a descargar todo el líquido que queda en mi vejiga puesto que necesitaré todo el espacio para albergar al monstruo que estamos a punto de recibir. Regreso a la mesa, llegan las cervezas acabadas de salir de la nevera y es que no hay nada como acompañar a nuestro platillo típico tapatío por excelencia con una Corona bien “muerta”.

Pasando 10 minutos aproximadamente regresa el mesero y no puedo creer lo que veo en sus manos. Una descomunal torta ahogada con la cual te llevan cuchara como acompañamiento  porque es imposible de tomar con las manos. El birote es de tamaño normal pero la dotación de carne que de ellas emerge es increíble pues bien se podrían sacar cuatro tortas de tamaño común de cada una. Le sigue la tradicional cebolla desflemada que siempre acompaña al platillo, todo esto sumergido bajo la típica salsa de tomate, acción que da nombre a esta exquisitez.  Las posa sobre la mesa y nos miramos unos a otros.

Antes de comenzar me persigno y ruego a la vida que después de esta, mi estómago no falle de por vida, ya que sigo sin creer el precio de lo que me voy a comer. Tomamos fotos del plato y  entre chistes comenzamos a deglutir el manjar, pedimos más limones pues Millán se los acabo antes de comenzar.

Hay un pequeño recipiente con pepino picado para acompañar la “tortita” con cual Pachón hace alusión a una anécdota  y la cuenta – No mames, la última vez que vine pensé que era puro pepino y no we, era puro puto chile- No mames pues ve el color responde Millán- El pepino está teñido de naranja obviamente por la salsa que le ponen como “condimento”, se lo agrego a mi torta y la pruebo, esto le da un sabor diferente pero sumamente agradable.

Seguimos en la conquista de la torta, y parece que no tendrá final. Si se pudiera contar por tiempo esta torta sería de 40 minutos, cosa que sería poco creíble para personas que conocen nuestra calidad de glotones feroces, la cual no aceptamos de manera propia y decimos que “somos de buen diente”. Las cucharas se mueven con ritmo pero algunos paran para respirar un poco y que su aparato digestivo asimile la cantidad de comida que está recibiendo, otros piden tacos dorados para acompañar a la pequeña, yo por mi parte, me concentro y sigo comiendo pues quiero acabar y lograr el objetivo.

Pasado un rato, finalmente Pachón y yo lo logramos, claro yo fui el primero en acabar con semejante prueba. Lucho y Millán dejan una parte con la cual se podría rellenar 3 tortas normales. Se encienden dos cigarros para los cuatro haciendo cumplir el dicho tan mexicano que dice: “Después de un buen taco, un buen tabaco” (aunque en este caso son tortas). Dispuestos a levantarnos para ir a la caja, saco mi teléfono y tomo una fotografía para documentar la hazaña, la comparo con la que tome antes, en mi plato no queda nada, sonrío y digo en voz alta ¡MISIÓN CUMPLIDA!

Tortas Ahogadas el Negro
Soto y Gama 892, Rancho Nuevo (ver mapa)
 Guadalajara, Jalisco.

Torta especial $37.00

Hazaña

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